sábado, 30 de enero de 2010

Neverland and the End of all


Debería de estar durmiendo desde hace exactamente...dos horas y media...y aquí estoy, desvelada y sin una pizca de ganas de ir a la cama.

Por el momento parece que no acierto con nada de lo que hago, bueno, al menos no con todo.
He tenido que dejar las clases de matemáticas de la academia, puesto que yo necesito mucha más ayuda de la que allí dan en esa asignatura y estoy en busca y captura de un profesor particular, aunque ya hay un par seleccionados.

Hoy he ido al Mercado Medieval. Llevaba un año esperándolo de nuevo. El olor a incienso, a pan recién horneado, el sonido de los tambores a lo lejos...pero, como me pasa todos los años, me canso de él antes de poner un pié dentro de la Corredera.

Decir que podías dar dos pasos seguidos sin tropezar con nadie sería mentir, así que no lo diré. Era agobiante. Olas de gente de un lado para otro como borregos. Ni siquiera podías apreciar los puestos de cuero ni de amuletos, te veías empujado por esa inmensa ola.

Cosa aparte, al final sí que Patricia y yo nos hemos disfrazado de pícaras :) éramos una versión más medieval de Peter Pan según la gente pero me lo he pasado bien preparando el disfraz durante la tarde y en tan poco tiempo.

A decir verdad, poco cambia en el mercado, pero me dio por pensar estando entre la gente la de tiempo que había pasado desde la última vez que había estado allí...con quién había estado allí la última vez y todo lo que había cambiado mi vida y yo misma desde entonces...vaya, y a pesar de todo eso, de los trescientos sesenta y cinco días que aproximadamente habían pasado, yo seguía allí, en esa misma calle, aparentemente con el mismo marco...y todo era tan distinto...

Bueno, debería ir ya a la cama, mi madre me ha pillado aquí sentada delante del ordenador y no le ha sentado muy bien, jaja.

Me despido por hoy.

Un abrazo,

Violet.

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